Archivos Nütram: Octubre 2006
La ley nos permite conocer los valores, su sustento es ése, todos somos libres, podemos hacer todo lo que se nos ocurra -¡en verdad lo podemos!-, pero para evitar que nuestras acciones impidan el desarrollo de los demás es preciso legislar, normar, establecer pautas de conducta para poder convivir en común.
La ley nos muestra los valores, ¡pero también los oculta!
Toda ley es la expresión de un valor, centrada en acciones permitidas a partir de ciertos criterios comunes. Es preciso establecer pautas de conductas, explícitas, concretas, que regulen nuestra libertad. La ley surge para cumplirse, para que podamos convivir. Por ello toda ley viene acompañada de sanciones. Son éstas las que pretenden convencernos de la conveniencia de respetar las normas de conducta.
Lamentablemente, el respetar y cumplir fielmente lo establecido por la ley no implica actuar conforme al valor que ésta respeta. Yo puedo nunca mentir (si respeto la ley de "no mentir"), pero ello no asegura que sea una persona honesta; puedo no mentir, pero ello no implica que siempre diga la verdad.
Esto es algo que en mi país no se entiende. Creemos que basta con respetar la ley para asegurarnos una actuación correcta. Y no necesariamente es así.
En mi país se pueden respetar formalmente las leyes, pero se transgrede directamente el valor que la sustenta:
- Hay instituciones de educación superior que legalmente son establecidas como centros "sin fines de lucro", pero que en la práctica crean corporaciones privadas que lucran a través de figuras legales.
- Hay organismos públicos que no pueden recibir dineros, y formalmante no lo hacen, pero sí a través de la participación de terceros (¡ejem! Chiledeportes).
- Hay personas que faltan a sus trabajos o compromisos, legalmente pueden justificarse con licencias médicas, lo hacen, a pesar de no estar enfermos. Todos sabemos que se miente, pero lo ignoramos y seguimos actuando así.
Los ejemplos podrían ser más, quizás tú mismo conozcas otros. Pero lo cierto es que una actuación legal no necesariamente es buena. Por ello hay que cuidarse de quien dice respetar la ley al pie de la letra, esa persona no necesariamnte podría estar respetando el valor que subyace a la ley.
Recuerda: La ley nos muestra los valores, ¡pero también los oculta!
Se enamoran de sus discursos y sus palabras a tal grado que las valoran en términos de su complejidad e inoperancia. Suelen felicitarse entre ellos, pues son incapaces de repartir su saber con otros. No les conviene hacerlo, pues su poder se sustenta en la exclusividad, en el misterio que otorga el ser parte de ese grupo selecto. Muchos ya no producen lo mismo, se amparan en añejas glorias pasadas y solo cumplen con lo estrictamente curricular, sin importar si lo hecho tiene algún rigor o desafío intelectual mínimo.
Son los intelectuales, aquellos seres cuasi drumlescos, que se me aparecen mucho más peligrosos que el "populous", pues ellos sí son conscientes del daño que pueden cometer.
Último repaso a mi visión acerca de los intelectuales.
Cuando se inicia la modernidad con Descartes el intelecto pierde esa condición de “lector de realidad” y pasa a transformarse en una herramienta analítica, procuradora de certeza y seguridad. Ya no es el intelecto como potencia de alma, sino antes bien es la razón como conciencia interna la que nos da la seguridad de nuestra propia existencia y luego de toda idea que se nos ocurra.
Ocurrió una mañana en que conversaba con una amiga. No recuerdo el tema, creo que era algo relacionado con educación, cuando ella soltó una frase sin mayor intencionalidad: “tú que eres intelectual deberías saberlo”.
Me sentí ofendido. Y me retiré de la discusión desalentado y con cierto rencor inexplicable.
¿Por qué? Había en el tono algo que me molestaba. La palabra intelectual en sí misma me provocaba escozor. Quizás por prejuicio mío, quizás por ignorancia, pero de alguna forma el concepto intelectual me parecía descalificador. Principalmente por algunos “intelectuales” que he conocido y que generan en mí cierta desconfianza de su real valía.
Por ello decidí investigar sobre el sentido real de este concepto para poder ver si mis aprehensiones eran las adecuadas. Veamos que logré…
Cuando se comienza a escribir una bitácora lo mínimo que se espera es que los textos planteados tengan una respuesta o al menos que sean leídos. No comparto la definición simplona de que todo lo escribimos, sea por vanidad o por necesidad de reconocimiento. Hay diversas motivaciones como diversos autores. En mi caso ya he explicado más de una vez el motivo central de mis textos.
Sin embargo, a pesar de ello, no todo lo que publicamos tiene el mismo valor hay artículos en los que invertimos más tiempo u otros que surgen de un deseo más personal. También están los textos que realizamos con apuro y para mantener una cierta regularidad de publicación, entre los que podemos señalar los evidentemente desechables como aquellos que nos sorprenden por su gran aceptación.
Sea como sea hay un referente ineludible a la hora de establecer una clasificación de los escritos: su popularidad. Para cumplir con el recuento pedido, procedo a señalar y comentar los doce artículos más leídos de Kimniekan en este primer año. Si te animas puedes también leerlos y así dejarme tu impresión.
El nueve de octubre de 2005 empecé a escribir Kimniekan. La intención era sencilla: dejar en palabras testimonios y razones para poder vivir mejor. Claudia, mi señora, tenía 7 meses de embarazo y con ello la vida se me hacía mucho más compleja. Tenía urgencia de mejorar mi entorno. Tenía necesidad de saber que el futuro podría ser un buen lugar para mi hija. El ser padre te compromete, con toda una inocente y pequeña vida. Ya mis pasos no son míos, alguien depende de ellos y tal compromiso asusta, pero también te da motivos para continuar. Así es que hacer de este mundo un espacio para que todos podamos convivir en paz, es un desafío que deseo mantener. ¿Cómo? Generando este pequeño espacio virtual que nos permita pensar lo que hacemos.
Sin duda que la meta es ambiciosa. ¿En este año la he alcanzado? ¡No! Sin embargo no me preocupa, pues ha sido un año en que he ido conociendo a muchas personas que comparten conmigo ese sueño que a lo largo de estas 212 entradas me han permitido creer que es posible seguir viviendo en paz.
En un principio fueron los comentarios de Marlie, Rodrigo, Chepuja, Caia, Conejo, Melanie y Raimundo, todos ellos ex alumnos que con su compañía me fueron alentando a continuar. Después aparecieron las palabras de otros bloggeros que también soñaban un lugar mejor: Agúndez, Bonhamled, Esther, Carlos y Rodrigo. A lo largo del año otros escritores han aparecido, todos ellos jóvenes que con sus discursos me ayudan a mejorar mi propia travesía: Trinet, Heromagno, Volney, Jiska, Francisco, Alberto y Camilo. a todos ellos los mejores deseos y visitas.
Palabras especiales se merecen Eduardo, mi hermano que insistió en que creara este espacio (y me apoyó tecnológicamente), como también Claudia, que con su paciencia no sólo revisa mis entradas sino también me tolera (con todo lo que ello implica).
Pero un gran abrazo te mereces tú, mi viejo@ o nuev@ amig@, que ahora gastas tu tiempo en estas líneas, sólo quiero decirte que...
