Archivos Nütram: Abril 2007
La persona es un ser racional.
La definición más común de ser humano la dieron los griegos al definirnos como seres racionales. La mayoría de los pensadores aprecian en la capacidad racional un poderío que nos convierte en seres superiores a los demás. Sin embargo, es tal la vanidad que nace de nuestra capacidad racional, que a veces se impide una real concepción de ella. Somos seres racionales, pero no todo lo que somos se reduce a nuestra capacidad racional.
Hoy me puse a discutir con mis alumnos: Yo decía: "¡hay individuos que dejan de ser personas!" Y los sicólogos indignaron em atacaron. Lo que ocurrió fue que no aclaré que entiendo por ser persona.
La persona humana es un problema que no podemos definir en unas pocas líneas. Ya hemos visto que a lo largo de la historia de la filosofía se ha manifestado de un modo diverso y complejo. Por esto, pretendemos en este capítulo retomar nuestra reflexión práctica acerca del quehacer educativo en relación con la persona. Una reflexión que evite caer en problemas y discusiones bizantinas acerca de lo humano y que más bien sirva de aporte a nuestra labor como educadores.
(comparto con ustedes un capítulo de mi primer libro)
¡Brad Pitt es mal actor!
Al fin lo puedo decir. No oculto que en parte mi motivación, para decir esta frase, no es más que envidia frente a alguien que se aparece como el objeto de deseo de muchas mujeres. Pero la gracia es que hoy tengo argumentos para poder realizar esta aseveración.
Un maestro budista había salido a caminar con sus discípulos. Al llegar a la ribera de un arroyo sen encontraron de frente a una bella mujer que estaba bañándose. Ella se sonrojó y se agachó para poder cubrirse con el agua. El viejo monje la miró y cortésmente le saludo: “¡Buenos días!”. Sus discípulos hicieron lo mismo. El viejo monje siguió su paso tranquilo, cruzó el puente, tomó la ruta por el bosque y alcanzó el valle, en donde se apreciaban los trigales dorados.
Sin embrago un murmullo venía desde donde estaban sus discípulos. “¿Qué les pasa mis jóvenes? ¿Por qué interrumpen su meditación?”
“Maestro, ¿Acaso no se dio cuenta de lo que ocurrió? ¡Todos vimos a esa hermosa mujer! ¿No la vio usted?”
“Pequeño, ¡por supuesto que la vi!” -dijo el maestro, y con sabiduría agregó- “Pero yo la dejé en el arroyo!”
Muchas veces en nuestra vida vamos haciendo cosas que nos lastiman y no nos damos cuenta de ello. Uno de los múltiples errores que cometemos es precisamente éste: aferrarnos al pasado, querer una y otra vez revivir lo que no fue o lo bello que tuvimos. Sin embargo no nos damos cuenta que a veces es mejor dejar las cosas en su sitio. El pasado se fue y no volverá. Déjalo ahí, de lo contrario no te dejará avanzar.
