Nacimiento

Cuando supimos la noticia nos impactó. Nuestro bebé era esperado. Luego de 4 años de luna de miel, nos nació del amor la necesidad de tener un hijo. En campaña nos pusimos y al poco tiempo Claudia empezó a sentir ciertas molestias.

“Estoy embarazada” fue lo que me dijo

Si bien lo esperaba no me imaginé el impacto que causaría. Fue tan emocionante como cuando escuché sus primeros latidos.

Siempre estuve con Claudia en lo que se refería al nacimiento de mi bebé. Acompañarla a una ecotomografía era lo normal. Sé que el marketing lo llevan las mujeres. Se sientan allí en esa postura tan incómoda y las llenan de esa crema helada. Sin embargo uno s se sienta ahí, nervioso, culpable de todo lo que ocurre y te muestran una pantalla sin sentido. Hay que fingir que se ve lindo. Todo es una actucación. Hasta… hasta que el médico pone el sonido.

Y lo escuchas.

Lo sientes.

Reconoces a tu hijo.

Los latidos son intensos, fuertes y rápidos. Llenan todo el espacio con su necesidad vital de existir. Y ya la vida no es lo mismo.

Un bebé que llega es un acto concreto de una esperanza que se manifiesta. No hay en él nada seguro. Nada le ha sido dado. Todo lo necesita. Sin embargo su mirada, su sonrisa, cada parte de su ser, nos da la fuerza para continuar. Él, que carece de todo, es capaz de entregarnos todo lo que necesitamos para cuidarlo.

Una hija, un hijo, por otra parte, es una bendición, es una promesa abierta que en algunos se transforma en compromiso. Es un sello inexcusable, pues nos marca. Desde ese momento la vida no será la misma, ahora otros pasos, otras manos han de vivir con uno, han de permanecer en nosotros. Las decisiones dejaran de ser personales para convertirse en paternales, maternales y, finalmente, familiares.

De alguna forma la navidad esto nos recuerda. Hoy nos nace un bebé, un bebé esperado por todos, querido por todos. En su pesebre nos recuerda su condición de pobre, no posee nada. Sin embargo nos llena a todos de sentimientos de paz, de amor, que nos impulsan por una vez al año dejar de mirar el ombligo, dejar de caminar mirando el suelo, dejar de sentir que nuestros problema s son más grandes. Por una vez, un bebé nos recuerda que hay otros, que al levantar la mirada hay otros ojos, que también sonrien. Y cuando ocurre eso, cuando abrazamos a quien nos ha acompañado durante todo el año (y que no lo habiamos visto), cuando la bendición se convierte en un apretado abrazo un beso tierno en la mejilla, ahí es cuando ocurre el misterio de la navidad.

Un niño ha nacido en tu corazón. Protégelo, cuídalo.

Feliz Navidad.

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¿Cuánto vale educar?

niños

Cuánto vale la pena pagar por una clase

Se dice que la condición socioeconómica es requisito para una buena educación. El principio es sencillo: quien tiene más recibe mejor educación. Sin embrago, en nuestra región esto no se cumple. Tenemos una de las mejores condiciones socioeconómicas del Apis y los puntajes más bajos en SIMCE. ¿Por qué ocurre esto?

Hace unos días la Fundación Minera Escondida le regaló a la ciudad una brillante investigación que sistematizaba todos los diagnósticos hechos sobre la realidad de la educación en nuestra ciudad. En tal documento se entregaban líneas de respuesta a la pregunta antes planteada.

Antes que se levanten los gremios o las autoridades defendiéndose hay que aclarar  un aspecto: son muchos los agentes que intervienen en una mala educación en nuestra ciudad. Algunas pistas que descubrimos en dicho informe por una parte fue la poca presencia de las familias de la región en la educación de sus hijos, en general los padres no suelen apoyar a los liceos y colegios en la formación de sus hijos llegando su ausentismo a un porcentaje cercano al 52%. Pero a esos e suma la poca autocrítica de los profesores, quienes suelen mirar mucho a las familias o al sistema para culpar por los malos puntajes y poco a sus propias prácticas y acciones. El problema es que quien no quiere reconocer sus errores no suele andar buscando mejorarlos. Las universidades por su parte no dan la educación de calidad  a los nuevos profesores como tampoco ofrecen programas de formación continua en lo que los mismos docentes les solicitan. Y por último, nuestra autoridad comunal no suele aprovechar la oportunidad que tiene de mejorar cuando es responsable del casi 60% de la matricula total de la ciudad.

Podríamos con esto sentirnos satisfechos todos, pues pareciera que todos somos responsables. Ya saben el adagio “mal de muchos consuelo de tontos”. Sin embargo dudo mucho que todos los antofagastinos padezcamos de una estupidez en nuestras decisiones. De uno y otro lado surgen voces y compromisos para mejorar la educación.

Si la culpa es compartida debe existir un elemento común que fortalezca nuestras carencias. En mi opinión ese elemento tiene que ver con la poca valoración que hacemos de la educación. Creo que los antofagastinos no valoramos la educación. Quizás sea porque en las empresas productivas de la región con una baja cualificación personal es posible acceder a labores muy bien remuneradas o quizás sea simplemente porque creemos que la educación al ser un derecho debe ser gratis.

Por ello no se valora la educación. Es cosa de preguntar a los sostenedores el nivel de retraso en los pagos de escolaridad, pagos que se atrasan “pues se debieron cubrir otras cuentas más importantes”. Es cosa de ver lo mal que pagamos a los profesores. O ver lo que les cuesta a los docentes cobrar el precio justo por sus clases particulares. En general hay algo que nos impide valorar adecuadamente lo que significa educar o educarse.

¿Cuánto vale una clase?

Mucho, muchísimo, al menos un poco más de lo que vale un ojal.

Reducir el problema de la educación a  la cantidad de dinero necesaria para producir una buena clase puede ser interesante. Los colegios de elite en la capital suelen sobrepasar los $ 300.000 desde hace bastante tiempo. El problema en mi opinión es que esto implica dejar la educación a una regulación de tipo económica que poco puede decir de lo esencia de la educación. El mercado ya le paga mal a los profesores, ¿lo seguiremos utilizando para encubrir nuestro desprecio por una educación de calidad?

Sin embargo el análisis ha de ser más preciso. Efectivamente hay colegios privados que cobran bastante alto y que ello no necesariamente asegura un nivel de real calidad. Algunos padres deben agregar  a la alta colegiatura que pagan el valor del preuniversitario o de los profesores particulares que necesitan para que su hijo tenga éxito en ese supuesto colegio de calidad. La idea es que un buen colegio o liceo, logra calidad cuando con sus propios medios consigue éxitos académicos, expresados en buenos aprendizajes y una formación que abarca toda la persona y no solo su desarrollo cognitivo. Es este tipo de institución la que efectivamente vale el precio que exige.

¿Tenemos instituciones así en Antofagasta? No es mi competencia evaluar acá a las instituciones educativas. Pero sí puedo dar algunas indicaciones para que los mismos padres evalúen a su colegio. Por una parte es bueno exigir al colegio que demuestre sus logros en mediciones estandarizadas como SIMCE o  PSU y desde allí apreciar su nivel de logro en aprendizajes. Sin embargo no nos va muy bien en ello. Entre los cien mejores colegios en 10 años de SIMCE solo dos colegios nuestros aparecen uno en el lugar 54 y otro en el lugar 85.

Sin embargo no todo es puntajes, un colegio no se reduce a aprendizajes obtenidos, también requiere que se le evalúe por su formación. En tal sentido habría que revisar qué colegios poseen un efectivo proyecto educativo que los caracteriza y les da un sello distintivo en su formación. Nuevamente la realidad nos contesta con desaliento: pocos son los colegios que logran una buena identidad en sus alumnos, siendo muchos los que hacen más de lo mismo.

Ante tales evidencias sería bueno entonces que nos preguntásemos como ciudad si esta es la educación que esperamos para nuestros hijos. Si tenemos los medios y al menos  en nuestra región mejorar la educación no es cosa de carencia de recursos, ¿por qué no lo logramos?

Creo que debemos aprender a valorar la educación y por tanto exigir de ella lo que merecemos como ciudad. Por ello debemos responder primero ¿Cuánto vale una buena educación?

Una forma de valorar las acciones o cosas es atender a la finalidad que nos permite conseguir. En tal sentido para saber lo que cuesta educar debiéramos preguntarnos cuánto vale la felicidad de nuestros hijos o cuánto cuesta verlos desarrollarse plenamente. Seguramente que en tal dimensión la respuesta apunta  A mucho más que $ 300.000. Una buena educación vale eso y más. ¿Qué más? Vale por lo menos tiempo de dedicación a nuestros hijos, vale también el mejor esfuerzo de nuestros profesores, vale también la decisión seria y comprometida de nuestras autoridades por mejorar las cifras de aprendizaje que tenemos y vale sin duda alguna el compromiso de las universidades o fundaciones de comprometerse en apoyar a estos esfuerzos.

En síntesis una buena educación vale el compromiso serio de cada uno de nosotros por mejorarla, pues de no hacerlo, una mala educación nos puede costar nuestro futuro y el de nuestros hijos.

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Eneas o cómo caminar al futuro.

Con mi director académico estuvimos escribiendo en conjunto un discurso, que se utilizaría con los alumnos de la Universidad Santo Tomás en su titulación. En esa ocasión Jorge (así se llama mi jefe) me recordó la figura de ENEAS escapando de Troya.  Aproveché de releer el texto de Virgilio y con esa idea en mente nos dedicamos escribir el siguiente etxto que hoy dedicamos atodos los titulados:

Estimados alumnos:

 Hace unos años ustedes realizaron un acto de confianza especial en la vida de cada uno de ustedes. Ante la disyuntiva de tener que estudiar en la universidad ustedes nos prefirieron. En aquellos años éramos una institución nueva en nuestra región y vuestra elección por tanto se ejecutó en un acto de confianza, un acto de esperanza en que nosotros fuésemos capaces de otorgarles la mejor educación posible.

 Toda confianza se orienta hacia algo incierto, algo acerca de lo cual no tenemos plena certeza. Así al  menos era en ese momento. La palabra confianza tiene su raíz en la Fe, es manifestar la fe en otros, con otros.

 Hoy pueden tener en sus manos, en su mente y alma, la certeza que hemos cumplido. Ustedes han sido testigos de ello. Fueron muchas las instituciones que llegaron en ese momento, prometiendo lo mismo que nosotros. Sin embrago hoy somos una de las pocas instituciones que ha ido ganando más y más prestigio, posicionándonos como una de las mejores.

 Prueba de ello es la acreditación institucional que nos respalda y también la acreditación de las carreras de Pedagogía y del Área de salud, logrando estas certificaciones antes que las mismas universidades tradicionales de la ciudad. Pero eso no es todo, en nuestro accionar hemos ido desarrollando cada vez más actividades en estrecha vinculación con nuestro entorno, de forma tal que ya estamos siendo reconocidos no solo como una universidad de gran calidad sino también al servicio de las necesidades de la región.

 Hoy la confianza está fundada. Sin embargo, al momento de realizar esta titulación, quien debe confiar es su Universidad. Hoy nosotros estamos llamados a tener que confiar en ustedes. Verán, muchos de ustedes son parte de la primera o segunda generación de egresados de su carrera, gran parte del prestigio de nuestra universidad está en vuestras manos. A través de ustedes nos van a evaluar y juzgar. Por ello confiamos en que sabrán dar lo mejor de sí, pero no por lo que digan de ustedes y de nosotros, sino por lo que ocurra con las personas a las que servirán.

 Así es la educación, una apuesta, un proceso continuo de formación. Por ello en este día quisiera evocar junto a  ustedes un viejo relato, de Virgilio, respecto de la Eneida. En dicha obra se nos cuenta la vida del príncipe Eneas en su viaje desde la desolada Troya hasta Italia y como logra fundar el nuevo imperio Romano. Al iniciar su relato, Eneas nos narra cómo cae la ciudad de Troya a manos de los Aqueos. Mientras la ciudad es zaqueada, Eneas debe convencer a su padre que debe huir y que debe crear un nuevo futuro. El hombre a regañadientes es convencido y es así como Eneas toma en sus hombros  a su padre Anquises y de la mano a su Hijo Ascanio. Como ha estado combatiendo y sus manos están impuras con la sangre de la batalla,  le pide a su padre[1] que se lleve los Patrios Penates, que corresponden a los objetos sagrados de las  familias que representan a sus dioses y al Hijo le pide que sostenga entre sus manos el Sagrado Fuego Familiar. De esta forma escapa Eneas  a un futuro incierto.

 Quiero, estimados  jóvenes que contemplen esta imagen. Ahora ustedes son Eneas y van camino a una nueva patria: vuestro futuro. Por ello deben caminar como lo hiciera en esa ocasión Eneas: con el legado de vuestra formación en las espaldas y la esperanza de un buen futuro en vuestras manos.  

 Sepan Jóvenes que no sólo llevan sus años de formación y la experiencia ganada, también se van con ustedes las palabras de aliento, los consejos de sus buenos profesores y los valores y principios que nos destacan sobre los demás. Sólo esos principios valóricos le darán a tu quehacer un valor extra que te convertirá en alguien digno de admiración. Debes mirar a los grandes y seguir su ejemplo, si te fijas Eneas en su prisa no piensa en llevar víveres ni abrigo para el viaje que se aproxima, antes bien pide a su padre llevar consigo a sus dioses, a sus principios. Son nuestras creencias más profundas, nuestros principios y nuestros valores los únicos que nos protegerán de la incertidumbre del futuro.

 Pero también quiero que presten atención a Ascanio, el hijo que lleva de la mano y que porta el fuego familiar. Él representa la esperanza de lo que está por venir. Ustedes también tienen mucho por lo cual estar esperanzados. Sepan que hemos dado lo mejor de nosotros en pos de vuestra formación. No se van con las manos vacías, llevan también consigo nuestros logros y éxitos, nuestro respaldo. Tiene todo el futuro en vuestras manos.

 Por ello quiero recordarte esas dos palabras que han acompañado todo este viaje por tu vida universitaria: Tú Puedes.

 Ahora TÚ PUEDES por fin desarrollarte profesionalmente en el área que más te agrada y hacer realidad tus sueños. Porque has terminado en forma exitosa esta etapa y ya estás capacitado con las competencias necesarias para desempeñarte como un profesional de excelencia.

 Ahora TÚ PUEDES empezar a construir tu propia familia y saberte capaz de ir dejando desde ya tu propio legado y tu propia impronta a través de tus hijos. Porque el futuro que te aguarda no es solo profesional, sino que  también vocacional. Estás llamado a vivir tu vida en forma plena y a descubrir en el amor con tus seres queridos la oportunidad de servir también a tu país.

 Ahora TÚ PUEDES empezar a servir con alegría y responsabilidad a todos aquellos que requieran de tu profesionalismo. Has de saber que el verdadero éxito no está en lo que pudiste ganar sino en aquellos que efectivamente pudiste ayudar con tus acciones.

 Por ello, en este día, en esta despedida, solo me resta citar al poeta latino, quien pone en boca de Eneas las palabras “Possunt quia posse videntur.” “Sólo pueden los que creen que pueden”. Y tú mi amigo, mi estimado titulado, estás entre los que saben que pueden.

 Muchas Gracias.  


[1] Libro II. (710) “Vamos entonces, padre querido, súbete a mis hombros,

que yo te llevaré sobre mi espalda y no me pesará esta carga;

pase lo que pase, uno y común será el peligro,

para ambos una será la salvación. Venga conmigo

el pequeño Julo y siga detrás nuestros pasos mi esposa.

Y vosotros, mis siervos, prestad atención a cuanto diga.

A la salida de la ciudad hay un túmulo y un viejísimo templo

abandonado de Ceres y a su lado un antiguo ciprés

(715) que la piedad de nuestros padres guardó muchos años

Cada uno por su lado llegaremos todos a ese mismo lugar.

Tú toma, padre, los objetos de culto y los patrios Penates;

yo no puedo tocarlos saliendo de guerra tan grande

y de la reciente matanza, hasta que me purifique

el agua viva de un río.”

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Carta a las educadoras o ¿Qué te pasó tía?

Con gran esfuerzo hemos terminado nuestro seminario para educación parvularia, “Educar en la Aridez”. Un encuentro que nos permitió encontrarnos con Carmen Lavanchy, fundadora del hermoso grupo Mazapán, para conocer sobre el arte y como estimularlo en los infantes; también pudimos dialogar con don Jesús Ginés un hombre de un vasto curriculum y actual director del instituto BERIT que nos trajo el tema de la familia y la forma de integrarla a la educación parvularia; por último, pudimos dialogar sobre la importancia de las neurociencias con las profesoras Paola Marambio de la UMCE y Ressfa Hernadez de nuestra casa de estudios (Universidad Santo Tomás).

Fueron dos días de intenso trabajo que plantearon en definitiva la importancia de la educación parvularia para el desarrollo integral de un niño.

Sin embargo, mientras se realizaban las exposiciones yo escuchaba otro mensaje: la importancia de tener buenas educadoras en los primeros años de vida.

En mi experiencia como padre he visto esto con no poco dolor. Recuerdo un año en que lo iniciamos con mucha alegría. Yo iba con mi hija a su jardín infantil y ella sonreía y cantaba pues se encontraría con sus nuevos amiguitos. Al pasar el año el semblante de mi hija iba cambiando. Hacia final de año ya era un sufrimiento asistir al jardín. Había tristeza, había dolor peor sobretodo decepción.

¿Qué había pasado?

La tía estaba tan preocupada de preparar a los niños para la PSU (la prueba de ingreso a la universidad) que había olvidado lo fundamental: educar. Algo grave le pasó a la tía, y lamentablemente le pasa a nuestra sociedad: estamos tan afanosos buscando los éxitos (en este caso académicos) tratando que “los niños lean antes, que sumen antes, que escriban antes” que nos olvidamos que en primer lugar deben ser personas y personas felices.

La educación se debe orientar al desarrollo íntegro de la persona. Las investigaciones me avalan: cuando un pequeño crece en un ambiente favorable, estimulador y amigable se logran mayores redes neuronales. Pero lograr estimular y motivar en aprendizajes no lo logra cualquier persona. Y he aquí el problema. Muchas mujeres puede obtener el título de educadora de párvulos, pero pocas son efectivamente EDUCADORAS.

Pululan por nuestras salas cunas y jardines infantiles muchísimas instructoras o niñeras, según el énfasis que dan a su quehacer, pero educadoras, mujeres con vocación de servicio, proactivas, líderes en su campo, lamentablemente pocas. Hay muchas mujeres mediocres que se llaman así mismas educadoras y que con su desidia, con su menor esfuerzo, solo alimentan la ineptitud. Son mujeres que no enaltecen la labor docente, sino por el contrario la denigran. Seguramente su único afán es el sueldo, como lo era la nota en su formación.

Debemos cuidarnos de ellas, pues el daño que hacen al castrar vocaciones es algo que afecta a generaciones. Por ello debemos buscar y enaltecer a las buenas educadoras.

Una educadora debe efectivamente ser una mujer apasionada, que ama lo que hace y por ello lo hace bien. Una educadora debe ser una mujer creativa, alguien que no se conforma con repetir lo mismo año tras año, sino que por el contrario asume cada nueva generación como una nueva aventura por desarrollar. Una buena educadora en síntesis es aquella que no mira las cosas por su beneficio propio, sino por la responsabilidad que tiene ante los demás, en especial los más pequeñitos y que consciente de la grandeza de su labor la ejecuta con la bella humildad del servicio que presta.

Por ello, es bueno en esta ocasión recordar que la forma más excelsa de educar es a través del servicio. En tal sentido, consciente que tú fuiste una de aquellas educadoras que quiso oír este llamado a mejorar, que fuiste tú la que entendió que este seminario era una oportunidad para crecer y poder dar algo mejor a sus futuros párvulos, que en definitiva con tu participación demuestras que quieres ser mejor; quisiera contigo compartir estas bellas palabras de Gabriela Mistral, en donde nos enseña cómo educar en el servicio:

      Toda naturaleza es un anhelo de servicio.
      Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.
      Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;
      Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú;
      Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú.
      Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los
      corazones y las dificultades del problema.

      Hay una alegría del ser sano y la de ser justo, pero hay,
      sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.
      Qué triste sería el mundo si todo estuviera hecho,
      si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender.

      Que no te llamen solamente los trabajos fáciles
      Es tan bello hacer lo que otros esquivan!
      Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito
      con los grandes trabajos; hay pequeños servicios
      que son buenos servicios: ordenar una mesa, ordenar
      unos libros, peinar una niña.
      Aquel que critica, éste es el que destruye, tu sé el que sirve.
      El servir no es faena de seres inferiores.
      Dios que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera
      llamarse así: “El que Sirve”.

      Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos
      pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quien?
      ¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?
 

Muchas felicidades por tu labor, Tía.

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Seminario Educación Parvularia

El seminario se llama “Educar en la Aridez” y tiene 3 temas.

El primero es “El arte y la Integración en la Educación y la vida” que será trabajado por Carmen Lavanchy ,integrante de Mazapán, el segundo sería “El rescate de las familias en educación Parvularia”(porque tenemos la convicción, que es en este nivel donde podemos establecer una alianza fantástica en beneficio del fortalecimiento de  todos los ámbitos  de aprendizaje de los niños, especialmente en lo valórico). Este es el tema específicamente que le solicitaríamos, se dictaría el viernes 26 en la tarde (15 hrs.)

 Hay un tercer tema que es las Neurociencias en la Educación Parvularia que será abordado por 2 expositoras Paola Marambio profesora de Educación Física y Resffa Hernández, educadora de párvulos Docente de nuestra Carrera.

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Areté, para mi amiga Andrea

Hace un tiempo escribí esto a apropósito de la película TROYA. Era un intento de usar mi envidia por Brad Pitt en forma más positiva y aprovecharme de reflexionar sobre la ARETÉ. Ojalá sirva para quien quiera pensar que que podemos ser mejores….

¡Brad Pitt es mal actor!

Al fin lo puedo decir. No oculto que en parte mi motivación, para decir esta frase, no es más que envidia frente a alguien que se aparece como el objeto de deseo de muchas mujeres. Pero la gracia es que hoy tengo argumentos para poder realizar esta aseveración.

Una vez un actor me dijo que para interpretar a un personaje, es necesario conocer sus motivaciones internas, es necesario comprender lo que piensa, siente o vive, solo así se le puede interpretar adecuadamente. El trabajo de la actuación requiere de un autoconvencimiento de quien se sabe capaz de internar actitudes e ideas ajenas.

Brad Pitt tenía por finalidad interpretar a Aquiles, el más bravo y valiente guerrero que ha existido, aquel que en el poema homérico representa la más alta virtud (=areté). Lamentablemente su actuación no permite apreciar al ideal del hombre virtuoso, antes bien nos muestra a un héroe caricaturesco, obsesionado con la fama, más que el honor. Ni siquiera la película hace honor al espíritu griego, sólo fue el despliegue de demasiados efectos holliwoodenses que no logran rescatar lo propio del espíritu griego.

Una obra que podía haberse convertido en la ocasión de aprender de la sabiduría de los griegos se transformó en un despliegue de efectos que no permiten apreciar lo mejor de esta civilización. No en vano la Ilíada representa una de las obras cumbres de la literatura griega y la expresión de su cultura.

 Quizás sería bueno apreciar lo que nos hemos perdido gracias a la mala interpretación de este actor.

 

La Ilíada.

Cuado el texto la Ilíada empieza, la situación de los aqueos -los que están invadiendo la ciudad de Troya- es desalentadora. No sólo tienen ante sí a un enemigo formidable, mejor preparado y con mayores recursos; sino que además  han comenzado a sufrir una peste que sin aviso alguno ha comenzado a diezmar las pocas fuerzas que quedan. Al poco tiempo, descubren que Apolo los ha maldecido porque Agamenón ha raptado y reclamado como parte de su botín de guerra a  la bella Crispida, hija del sacerdote de Troya. Habiéndose negado a aceptar tributos o recompensa por liberar a Crispida Agamenón ha insultado al dios de la Luz, quien ha decretado que no quitará su peste a menos que le devuelvan intacta la hija a su padre.

Éste sí que es AquilesAl enterarse de esta situación, Aquiles junto a otros nobles se dirige ante Agamenón para disuadirlo de devolver  a Criseida. El viejo rey, terco, rechaza la imposición y solo está dispuesto a devolverla si le entregan a él el botín de Aquiles.

Durante toda la obra apreciamos la disputa entre estas dos personalidades. Aquiles es el guerrero más bravo, valiente y osado. Gracias a su espada se han ganado múltiples batallas. Él encarna lo mejor que puede ofrecer el espíritu griego: honor, lealtad, valentía. Mientras tanto Agamenon aparece como un viejo rey, cómodo y mezquino que ha sido capaz de llevar a todos sus amigos y siervos a una guerra para restaurar un supuesto deshonor. Agamenón es un hombre cómodo, arrogante que se arroja a si mismo triunfos y éxitos que no le pertenecen.

Por esto, cuando el viejo rey, motivado por la envidia, osa ponerse al mismo nivel que Aquiles, genera en este una justa ira.

Aquiles se enfrenta al necio rey, él es el mayor héroe con que cuentan los aqueos, y sabe que es el mejor, por tanto se merece un botín mejor. Pero eso no ocurre, le dan al rey perezoso lo mismo que a él. ¡Qué falta  a su honor, a su orgullo! Por ello es que más tarde reclamará ante sus amigos uno de los más bellos textos que podamos encontrar acerca de la soberbia:

“Igual lote consiguen el inactivo y el que batalla con denuedo.

La misma honra obtienen tanto el cobarde como el valeroso.

Igual muere el holgazán que el autor de numerosas hazañas.

Ninguna ventaja me reporta haber padecido dolores en el ánimo”.

¿Cómo es posible que Agamenon ose ponerse al mismo nivel que él?, pero peor aún, ¿cómo osan sus camaradas a no reconocer su valía y otorgarle lo que se merece?

Así es que Aquiles abandona la batalla, el más glorioso guerrero decide no combatir por los Aqueos y con su partida la victoria se inclina a favor de los Troyanos.

¡Soberbio!

Por lo general en este mundo mediocre que vivimos solemos tener en muy poca estima la soberbia. Para muchos se manifiesta como un pecado y no necesariamente como un valor o virtud

La explicación es sencilla, cuando todos somos mediocres, pusilánimes y poco osados, nos molesta apreciar que hay uno que pretende salir de esa condición. Bueno en general suele ocurrir que hay algunos arrogantes que sin tener méritos se quieren plantear ante los demás como seres perfectos. A esos se les debe de bajar los humos de inmediato y dejarles en ridículo por su estupidez. Sin embargo, ocurre a veces que tenemos frente a nosotros a alguien que efectivamente sobresale por sus méritos. ¿Somos capaces de reconocerlo en su valía sin caer en una descalificación envidiosa?

La envidia no es querer el bien ajeno, la envidia es no querer reconocerlo y sobretodo no gozarse del bien ajeno, sino tratar de perjudicarlo o alterarlo para que el otro tampoco lo pueda disfrutar.

A veces siento una gran admiración por aquellos soberbios, esos tipos que no sólo son buenos en lo suyo, sino que además se saben capaces. ¡Falta nos haría en este país gente así! No sólo porque de una buena vez se terminaría con toda esa gente inoperante que tiene puestos de dirigencia y que solo repite lo que ya han hecho con ellos, sino que porque además frente a alguien eficaz y eficiente solo nos queda detenernos, admirarle y ¡aprender a ser como ellos!

En el pensar griego la soberbia, esa cualidad de ser excepcional, aceptarlo y explotarlo, es una virtud y puede ser algo que se enseñe.

 

Areté.

Según Jaeger el concepto que permite entender la educación en Grecia es el de Areté. Sólo se manifiesta la educación cuando uno postula un ideal por persona que formar. La educación al pretender desarrollar la vocación de cada persona apela al desarrollo de cualidades humanas que permitan alcanzar su perfección plena. Al menos así lo pensaban los griegos que siempre apelaban a una educación de corte aristocrática. El sentido de la palabra aristocracia hace referencia a lo mejor (=aristos), a lo más elevado o excelso. La educación griega  en tal sentido siempre postulaba una separación o independencia de lo mediocre. Si recuerdan la alegoría de la caverna de Platón, lo que hay es precisamente un intento de alejarnos de la oscuridad mediocre o populosa para apelar aun sentido más perfecto.

Por ello es que el areté como virtud es algo que solo algunos alcanzan y que muchas veces más se encuentra en los dioses que en los humanos.

El concepto de arete, tal como lo enuncia Homero, que no solo hace referencia al ideal de excelencia humana, sino más bien a todo aquello perfecto que va más allá de lo humano: la fuerza de los dioses por ejemplo. Es sin duda una de las cualidades que se aprecian en la nobleza, de donde proviene la palabra “aristos”. Una excelencia que hace referencia a cualidades vitales, prácticas de destreza físicas. Es el hombre valiente, el bravo guerrero capaz de grandes proezas. Es aquel que en su vida se rige por normas que escapan  a lo que hace el común de la gente. Es una actitud de permanente lucha y prueba por seguir manteniendo una actitud frente a la vida y a pesar de ello seguir siendo los mejores. Es un concepto que empieza apelando al ser guerrero pero que deriva en una concepción de perfección del género humano.

Pero además la areté griega incluye el “honor”, honor entendido como la capacidad de que otros reconozcan la propia valía. El enojo de Aquiles no es sólo un orgullo o una rabieta de un adulto, sino que va más allá. Aquiles se indigna de que sus camaradas de armas sean incapaces de reconocer su virtud y con ello demuestren que son incapaces de reconocer su propia virtud. Quien niega la virtud, se niega a si mismo, pues no reconoce lo que puede ser su ideal personal. El enojo de Aquiles es ante aquellos pusilánimes que son incapaces de mirarse a si mismo y de reconocer algo digno de realizar en sí mismos.

La areté nos conduce a un compromiso con lo mejor de nosotros mismos. La idea no es crear una falsa apariencia de perfección y autoengañarnos en ella, sino lo contrario, la areté es una postura de continua búsqueda de excelencia que nos permita sabernos honrados por los demás, pero ante todo reconocer que somos mejores y que podemos seguir siéndolo.

Los griegos exaltaban esa perfección interior que los hacia merecedores de elogios y de éxitos. En una sociedad como la nuestra, que muchas veces solo se resigna al mínimo esfuerzo, que no potencia lo mejor de sus jóvenes y que hipócritamente reclama luego de sus magros resultados deportivos o pedagógicos; para una sociedad así hace falta la aparición de este vieja virtud, el areté, no para que el ignorante se haga orgulloso por su necedad, sino al contrario para que el soberbio, aquel que se sabe distinto y superior a todos, pueda ayudarnos a reconocer nuestro propio areté y nos desafíe a mejorarlo.

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Respuesta a mi carta privada a mis alumnos.

Nicolás Zamora ha respondido una carta privada que he dejado acá. Nicolás ha sido amable y luego de un contrato firmado (ahora el hombre es abogado) me ha permitido publicar sus palabras. Por cierto Nico es quién está justo al lado mío en esta foto.
Estimado Ricardo:

Además de saludarte quisiera compartir algunas palabras sobre el artículo que aparece en tu blog.

Uno la verdad no se da cuenta de las cosas hasta que ya perdiste la oportunidad para realizarlas. Mi paso por el colegio por ejemplo, fue un lento esperar sin sentido, con la cabeza llena de tonteras, con falsos fines, ídolos, etc. Solo en la U me di cuenta de todo el tiempo q se perdió (recuerdo haber ido a la biblioteca del colegio por mi iniciativa menos de 20 veces), las cosas que uno puede aportar (proponiendo ideas a ustedes a los profesores para mejorar el aprendizaje, participando en talleres o semejantes).

El punto es que uno es pendejo y no te dai cuenta. En los primeros años de la U me pasó algo parecido. Me farrié años pensando todos los días en que no me gustaba Derecho en vez de aplicarme o investigar otras alternativas, hablar con profesores para que te incentiven… nada de eso.. solo me dediqué a ir de mala gana a la U. Cuando logré estabilizarme, entendí todo lo que uno puede ganar si quieres lo que haces. Y buta, el conocimiento es tan infinito, hay tantas cosas interesantes por aprender que no hay excusa para aburrirse. Empezai a leer más, ves películas no conocidas, documentales, te juntai con personas diferentes, amplias el espectro.

Hoy, soy vegetariano y puedo decir que por fin me siento bien conmigo. jajajajajajaajaja Es como que encontrai tu creencia. Yo la verdad nunca creí en nada, en las personas, en la política, en el ser humano, en religiones.. nada.. para mí todo era un nada. (fui católico como recuerdas,, pero no haberme “confirmado” era el anticipo de que mis dudas eran correctas, pues soy ateo acérrimo. Lo bueno es q siento paz con ello, claridad. Que era lo que nunca pude lograr en la religion, y por supuesto soy tolerante).

Hoy al menos, tengo metas, personales y colectivas. Tu hablas de que los cabros no tienen ganas de nada, de vivir, de conocer y buta que es cierto. Me recuerdas a mí cuando pendejo. Quizás se les pase Ricardo. No somos la mayoría pero algunos despertarán. Otros seguirán siendo los mismos adolescentes el resto de su vida. Y se harán las grandes preguntas cuando estén agonizando.

Lo que quiero decirte es que estos cabros están desconcertados. Es verdad que son insensibles, apáticos, flojos, crédulos, fáciles… etc.. Pero hay muchos factores que los influyen. No deseo irme en la volá política pero la sociedad estúpida en que vivimos tiene la capacidad de “producir” personas cada vez más efectivas, técnicas, no reflexivas, no lectoras, no cuestionadoras, consumistas, que sigan la corriente, etc etc. Somos un ganado al cual nos dicen qué pensar, qué comer, qué escuchar, qué soñar. Y muchos caemos en eso.

Por ejemplo, un día leí un artículo sobre el cierre de una facultad de filosofía en EEUU creo. La idea de estos malditos es que no pensemos, que seamos efectivos, trabajo, auto, casa, navidad, hijos, colegio, salud, vejez ,etc. Nunca tenemos tiempo.

Solo hoy tengo más clara la película y no queda más que incentivar a los cabros a que no caigan en lo mismo que yo. Entre otras razones por eso adopte una alimentación vegetariana, como un modo conciente de habitar el planeta, de rebelarme. Más adelante cuando tenga mi título quisiera aportar en alguna fundación, ONG, asesorias gratuitas, formas hay multiples, pero lo principal es hacer llamados continuos a que así como vamos no llegaremos a ninguna parte, que somos más que defecadores de basura. Y porqué no, soñar con crear un movimiento nacional de conciencia, sea por mayor democracia, por transparentar la industria cruel de la carne, por solucionar la desigualdad.. etc etc… me recordó este tema un seminario que se hizo en la U de conce, sobre los paradigmas de la nación, donde está el tema del amor. Un expositor habló de cambiar el lema nacional “por la razón o la fuerza” por el de “por el amor y la risa”… buta lo encontré notable. Qué sentido más lógico que una nación tenga como pilar esas dos cosas… claro que es poco serio y bla bla… pero me llamó la atención.

Pienso al igual que tú citando tus palabras que nuestra vida:
“está orientada a grandes desafíos, innovadores y especiales. No hemos nacido simplemente para alimentarnos y reproducirnos, ni siquiera los animales viven así. Hemos nacido para dar vida, para crear nuevos mundos, para ayudar a los que nos rodean”

Estimado. La tarea es peludísima. Pero como dices uno se va encontrando con personas que te acompañan. Al menos si estos desgraciados dueños del mundo lo van a destruir lentamente, los que no queremos que eso suceda y le damos a la vida el valor que merece, debemos juntarnos, apoyarnos. Tarde o temprano las masas se darán cuenta que su vida nunca tuvo rumbo alguno, y ahí tenemos que estar para que miren de reojo y se acerquen.

en fin.. se me pasó un poco la mano. Pero es bueno tenerte como amigo y profesor. Porque tú siempre escuchas. Y es bueno decir las cosas. ALgun dia quiero hacerme una página web con mis dibujos y comentarios. Donde claramente serás dibujado en caricatura, previa autorizacion jejejejeje. Y juntar fuerzas con otros amigos que quieran la vida. Y amigas, por supuesto.

Y para que esto no quede en puro blabla te propongo una idea. Si tienes clases en el San Luis sería ideal, pero se puede aplicar en cualquier aula. Te escribo una nota como “ex-alumno” donde explico lo que soy y todo el tiempo que uno pierde sin rumbo. Y si no tienes un rumbo al menos buscarlo. Puede ser un aporte para cabros chicos o incluso para mechones. Más que para que sean estudiosos, para que lean de todo, que salgan, que compartan cosas distintas al copete, música, que creen agrupaciones, que denuncien injusticias, que le exijan a sus profesores, con propuestas… etc etc.

Un gran abrazo. Saludos a Claudia.

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De la Revolución y las Estrellas. Por Benjamin Guzmán

“habría que decir en lo inmediato que la vida se ha ido haciendo más difícil…”

 

Este breve artículo está teñido de emoción. No pretende ser un registro ni la crónica de un momento histórico. Pero tiene la humilde pretensión de llegar hasta los huesos porque en él compartiré cosas muy íntimas.

Soy un convencido que el tiempo -ese viejo pendejo y matamoros-, pone en su exacta dimensión los hechos, los aciertos y las omisiones.

Digo esto porque hoy, Viernes 29 de octubre de 2010, la ciudad de Barcelona realizó un Homenaje a Quilapayún, por su férreo compromiso con la libertad de diversos pueblos del mundo. Dicho de otro modo, por conciliar algo que resulta tan esquivo en el arte: la Estética con la Ética.

La intrahistoria señala que en 1974, Quilapayún -a la sazón exiliados forzosamente en Francia, donde los sorprendió el Golpe Militar-, arribó hasta Barcelona para cumplir una actuación en el marco de la Agermanament (“Hermanamiento”), una actividad artística de solidaridad organizada por algunas organizaciones cristianas de Catalunya.

Dicho concierto, en palabras de Eduardo Carrasco, director de esta emblemática agrupación, es uno de los más memorables, por cuanto en España todavía campeaba el Franquismo. Sin embargo, la cantidad de gente que convocó (y de poder cívico) todavía es motivo de comentario en círculos intelectuales de la ciudad (existe un DVD de ese concierto titulado “Quilapayún a Palau”).

36 años después, cuando en Chile y en España lentamente se van apagando los últimos fuegos de esos periodos de barbarie, Barcelona rememora, homenajea y agradece la canción comprometida con el hombre, con la revolución, pero también con las estrellas, con el sueño de vivir y compartir el pan fraterno.

10 años atrás, en Antofagasta, tuve la oportunidad de ver, por primera vez en mi vida a este legendario grupo, pero una torpeza inexcusable -que no detallaré aquí- me privó de tamaña oportunidad.

Lo lamenté mucho y hoy, todavía me arrepiento, puesto que renuncié a la posibilidad de compartir esa rica experiencia con Jaime Tapia y, especialmente, con Huberto Plaza, dos hermanos de sangre que me regaló la vida. El segundo de los nombrados ya partió de este mundo. Y aunque Huberto ya no está, me parece ver su rostro cuando estoy escribiendo en la soledad de mi pieza catalana.

Pero el año 2009, un amigo jesuita, Cristóbal Madero Cabib s.j., me invitó a un recital de Quilapayun en el estadio Sokol. Asistí con Cecilia, mi señora y el amor de mi vida.

Entonces toda mi memoria de niño  y de adolescente escuchando viejos discos de vinilo, nuestro paso con mi familia de origen por Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), mi itinerario por Arica como estudiante universitario y mi vida profesional en Antofagasta cobró sentido con canciones que no eran simplemente una conjunción perfecta de letra, melodía, armonía y ritmo debida al oficio. Eran mucho más que eso.

Eran el recuerdo de mi madre luchando contra el frio invernal de Calama provista únicamente de amor para sus hijos, era mi padre obrero caminando de noche “en la pampa inmensa” para llegar a una fiesta familiar, era el dolor, el sufrimiento y la derrota pasajera. Era el grito y la rebelión de tantos que lucharon, tantos que murieron en defensa de esos ideales. Todos lo sabemos.

Hoy Barcelona ha reivindicado esa forma de entender la vida. Y de soñarla de verdad, luchando por esos sueños. Yo tuve la oportunidad de verlo. Con mucho dolor en el alma. Porque las personas que más quiero en la vida, Cecilia, Pablo Andrés, Patricio Javier y mi nieta Valentina están lejos, muy lejos “a miles de millas de un país concreto”.

Pero así es la vida. Hace muchos años, presentando un recital del poeta Mayo Muñoz escribí: “La vida corona los vuelos con adioses”. Esa frase me mordía el alma en el último tiempo. Para crecer, debía irme de Chile. Espero que así lo entiendan mis exalumnos, seres maravillosos con los cuales, en un contubernio de Literatura, Cine y Música, aprendimos que los amigos son como las estrellas: aunque no los veamos, siempre están ahí.

Esto también para ustedes, queridos Iván Salas, José Manuel Gaete, Jorge Navarrete, Ricardo Díaz, Víctor Escobar y algún otro que he olvidado emocionado.

¡Visca Xile y Catalunya Lliures! ¡Et tots les pobles del mon!

Benjamín Guzmán Toledo.

Cerdanyola del Vallés, Barcelona, España.

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Carta privada a mis alumnos: ¿Por qué no?

Ves cosas y dices,”¿Por qué?”

Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, “¿Por qué no?”.

 George Bernard Shaw (1856-1950) Escritor irlandés.

 

 ¿Por qué no?

Mientras más estudio y aprendo de educación entiendo que existen dos tipos de ella, aquella que enseña a ganarse la vida y otra, más profunda y desafiante, que es la que te enseña a cómo vivir.

 Yo soy más partidario de la segunda. Verás, creo firmemente que la vida no nos ha sido regalada para desperdiciarla en tareas cotidianas, terrenas, vulgares; sino que por el contrario, está orientada a grandes desafíos, innovadores y especiales. No hemos nacido simplemente para alimentarnos y reproducirnos, ni siquiera los animales viven así. Hemos nacido para dar vida, para crear nuevos mundos, para ayudar a los que nos rodean.

 Somos seres de luz, que necesariamente han de proyectarse en beneficio de los demás.

 La educación que tenemos, la triste educación que damos en Chile, sólo ha hecho que las luces de muchos jóvenes y niños comiencen a apagarse. En mi país no damos ni siquiera lo mínimo que requiere un niño para desarrollarse.

 Por ello todos se alarman y vociferan soluciones. Se buscan culpables. Y se dan soluciones. Sin embargo, esas soluciones no pasan por devolver la luz inicial, auténtica que reside en el alma de cada joven. Las soluciones técnicas, rápidas y efectistas que buscan nuestros políticos (acostumbrados más a la apariencia, que al contenido) solo se orientan a  ese primer tipo de educación.

 Se argumenta en nuestro país que requerimos una educación de calidad. Pero se reduce la calidad simplemente a lo mínimo que requiere un joven: competencias lingüísticas básicas, habilidades matemáticas elementales, manejo de otro idioma y cuidado de sobrepeso y nutrición saludable. No digo que tales medidas sean malas, pero concordarán conmigo en que no son suficientes si hablamos de desarrollar  a toda la persona humana.

 Enseñar a ganarse la vida no es educar para vivir. Es solo un paso inicial para lo segundo.

 Me gustaría como profesor motivar a mis alumnos a que vivan. A que encuentren el sentido profundo de sus acciones, el cual va más allá de lo cotidiano o de las obligaciones simples. Me gustaría que entendiesen que el sentido de las tareas no es llenar hojas, sino que aprendan, que se dieran cuenta que las clases no son para hacer caligrafía en los cuadernos, sino que son instancias de discusión y reflexión, que aprendiesen que aprender a ser profesor va más allá de responder una prueba sino de mejorar íntegramente como personas.

 Por ello es que me acerco a mis alumnos con desafíos, con propuestas de formación que van más allá del aula. “Oye hay un taller contra el maltrato infantil”, “viene la orquesta sinfónica, y podemos ir a verla gratis, ¿te animas?”, “hay un seminario de investigación, ¿quieres ir?”, “nos piden ayuda de una escuela, ¿te animas a hacerles un taller didáctico?”.

 Sin embargo muchos de mis alumnos me miran con cara taciturna y perdida, como si hubiese un genio malvado[1] que les hubiese arrebatado la pasión por vivir, y no comprenden lo que se pierden al decir que no. Y yo triste y desesperanzado, sintiéndome en medio de una película de George Romero, con esos jóvenes viviendo a medias vidas, me alejo en busca de otro que responda.

 Y a veces el destino es generoso, sin querer se me acerca alguien, un tipo que escucho lo que le dije a otro, que supo que había algo. Me mira, sus ojos resplandecen de vida y me pregunta si puede ir  o hacer tal actividad. Y es en ese momento cuando yo sonrío, y recuerdo esa frase que coloque al iniciar este artículo y le respondo “¿Por qué no?”.


[1] En realidad no fue el genio maligno cartesiano, sino otro profesor que desde su mas pequeña infancia solo le enseño lo útil y pasajero.
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Boletin de la Escuela de Educación UST

En la escuela de educación realizamos muchas actividades. Con el afán de poder socializarlas y así generar espacios para un diálogo constructivo les invito a compartir nuestro boletin:

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Demora un poco en cargar, pero vale la pena. si desean compartir alguna opinión o artículo,enviénlo a ricardodiaz@santotomas.cl

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